Mientras pienso en los despojos mortales de Doña Ana Fabricia Córdoba, cobardemente asesinada, quien fuera defensora de los derechos humanos en Antioquia y a quien tan solo hace un año le asesinaron un hijo en esa región del país, se hace imposible dejar de apreciar la inmensa distancia que con frecuencia nos separa como nación, de poder llegar a construir un tejido social capaz de permitirnos avanzar frente a los desafíos del siglo XXI.
Esa distancia se hace manifiesta a diario. Los procedimientos barbaros que utilizamos para resolver nuestras controversias parecieran en ocasiones sacarnos de una trayectoria que nos permita plantearnos seriamente los temas de fondo subyacentes a nuestra problemática nacional.
Sin ignorar que detrás de toda esta violencia se agazapan por igual guerrilla, paramilitares, delincuencia común, autoridades corruptas, delincuentes de cuello blanco, y en general toda una serie de raposas que hacen de nuestro conflicto su oportunidad de negocio y que impiden que el legado que dejemos a nuestros hijos sea mejor, se hace indispensable preguntarnos si nuestro modelo de liderazgo actual está preparado para abarcar la complejidad de los desafíos que se nos presentan como sociedad que busca progresar.
A los violentos no podemos atribuirles exclusivamente la responsabilidad de que solo de manera excepcional nos planteemos caminos para enfrentar lo que son desafíos inaplazables y que debieran formar parte de un liderazgo moderno.
La búsqueda de soluciones de fondo en materia de equidad e inclusión social, el debate que debemos dar sobre la sostenibilidad ambiental de nuestros modelos de urbanización, de gestión de los recursos hídricos y de explotación minera, la búsqueda de soluciones a los problemas detrás del modelo de la salud, el tratamiento de los desafíos en materia de infraestructura y contratación pública, la discusión sobre la eficacia de nuestros sistemas de gobierno y ordenamiento legal para lidiar con emergencias como la que hoy afecta al país por la ola invernal etc, son apenas algunos de los temas que ese liderazgo moderno debería ayudarnos a enfrentar.
Muchos de los desafíos posiblemente impliquen además de un enfoque sistémico, cambios de paradigmas en el que los “mapas mentales” del pasado posiblemente no podrían ayudarnos a encontrar la mejor solución.
La vida de Doña Ana Fabricia y su hijo, no serían un sacrificio en vano si al menos nos llevaran a hacer un alto en el camino para repensar lo que tenemos por delante…
