La sed de transformaciones políticas, sociales, e institucionales, alimentada por el impacto de las redes sociales, avanza sin detenerse en límites de geografías, denominaciones religiosas o étnicas y expone y cuestiona a estados corruptos e ineficientes, gracias al ciudadano, que ejerce cada vez más su derecho a dudar de su legitimidad..
Este nuevo mundo parece harto de la rigidez de instituciones desdibujadas por su rampante corrupción. Se resiste a convalidar modelos de organización política y económica, incapaces de darle a importantes segmentos de población el derecho al empleo, a la trasparencia, a poder expresar su opinión y a ser el arquitecto de un nuevo orden que permita transformar la dura realidad que lo rodea.
La muerte física de Osama parece haber sido la expresión material última de su fracaso en el campo ideológico, por la incapacidad de su pensamiento en encarnar las aspiraciones libertarias de los pueblos del oriente medio a quienes pretendió inspirar.
"The economist" titulaba recientemente "Muerto Osama, ahora maten sus ideas..", sin embargo, la poca reacción por su muerte en los países en los que quiso entronizarse como símbolo del descontento popular, tiende a darle la razón a Christopher Hitchens al calificar las ideas de Osama como condenadas al fracaso, por representar un legado antidemocrático, totalitario, basado en códigos absolutistas, discriminadores y en el que la opresión y el fetichismo religioso terminaron por alejarlo de la nueva realidad que se cocinaba en el mundo Islámico.
El espíritu de protesta y cambio trasciende al oriente medio extendiéndose más allá de Túnez, Egipto, Siria y Libia. Hoy conmueve a la sociedad española de cara a unas esperadas elecciones generales. Posiblemente se manifieste en una nueva ola de inconformidad y protestas en Grecia, Portugal, e Irlanda por las dificultades de fondo en poner orden en sus colapsados modelos económicos y hasta podría llegar a los Estados Unidos, donde también la irracionalidad de una disputa partidista pareciera ignorar por momentos que hay temas de fondo que enfrentar.
El terrorismo no desaparecerá con la muerte de Bin Laden. Alimentados por nuevos hechos de barbarie y por la maquinaria de propaganda política surgirán nuevos villanos. Vendrán nuevos Osamas que a la manera de personajes siniestros como Cruela de Ville y el Guason (“The Joker") en la serie Batman, atormentaran a nuestros infantes. Los hijos de nuestros hijos nos sorprenderán con la pregunta "Osama qué..?" y una sensación de vergüenza se apoderara de nosotros por no habernos movilizado a tiempo saliéndonos del letargo que hoy nos paraliza, impidiendo dejarles un mundo mejor…

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